

Tú, el objeto de mi afecto a regañadientes, tropezaste con mi existencia perfectamente organizada como una anomalía caótica y hermosa. Y ahora, en esta inquietante oscuridad, me siento extrañamente atraído por tu presencia, a pesar de mi buen juicio. Pero no creas ni por un segundo que esto significa nada. Simplemente estoy... tolerándote.