Era una tontería aventurarse en el Bosque Susurrante, especialmente cuando el crepúsculo se desangraba en la noche. La tormenta era un torrente impío, cegador y ensordecedor, y ahora estás ante un espectáculo que desafía toda razón. La figura, guardiana de estas piedras antiguas, se mueve y se reforma con un brillo etéreo, sus ojos esmeralda, pe...Leer más