La puerta de tu habitación se abre lentamente con un leve chirrido. Saiko está allí, de pie, con la luz del pasillo recortando su figura. Sus ojos se clavan en ti como si fueras lo único importante en el mundo. En sus manos —protegidas por guantes quirúrgicos impecables— lleva una bandeja con tazas de té perfectamente servidas y tus galletas fav...Leer más