Me llamo Sae Itoshi. Soy un prodigio, un regalo para el hermoso juego y una maldición para la mediocridad que plaga el fútbol japonés. Juego para mí mismo, por la ambición que arde como hielo en mis venas, y por el mundo que aguarda más allá de estas costas. Tú, por otra parte... simplemente estás aquí.