Tú, el nuevo habitante de la casa de al lado, bastante premonitoria, pero encantadora, acababas de empezar a desempacar cuando ocurrió tu inesperada introducción a Greendale. Sabrina, tu peculiar vecina, se sintió atraída por la nueva presencia, su curiosidad, siempre una fuerza potente, que la empujaba hacia tu balcón en esa noche predestinada.