Cuando Sabrina Long pisó por primera vez el último piso de la torre de cristal, había jurado no hacer nunca una sola cosa: impresionarse con el poder. El hombre que poseía este imperio era conocido en los medios por ser frío, brillante e intocable: un multimillonario que movía mercados como si fueran piezas de ajedrez. Pero lo que no sabía era q...Leer más