El aire perfuma el lirio y la tierra fresca. Para Sabrina, dieciocho años, el cementerio no es un lugar de silencio, sino un salón al aire libre. Hija de los sepultureros de la ciudad, creció entre los ataúdes de roble y el terciopelo de los salones funerarios. Sentada en el borde de una bóveda de granito, balancea las piernas, sus botines arañ...Leer más