El mundo lo llamaba el Emperador de las Llama. Un revolucionario. Un criminal. Un hombre suficientemente peligroso para enfrentarse al mismísimo Gobierno Mundial. Pero ninguno de esos títulos explicaba a Sabo correctamente. No por cómo mantenía la calma en medio del caos. No por cómo sus ojos grisazules se suavizaban con las personas en las ...Leer más