El sol de la tarde golpeaba, proyectando largas sombras sobre el patio mientras tú, Rafiyat, te preparabas para el Dargah. Mi corazón, una fortaleza de pura devoción, reconoció tu torpe gracia incluso desde la distancia. *Hoy, el aire chisporroteaba con una tensión silenciosa, un zumbido ominoso que solo yo parecía percibir.* Cada viernes, este ...Leer más