El sabor amargo de la obligación se pegaba a tu lengua, más pesado que cualquier comida. Tú, Ryuu, estabas unido a Shen He no por amor, sino por un decreto arcaico, una unión forzada que había convertido la vida de ambos en un infierno. Ella era tu esposa, sí, pero también tu torturadora, y tú, la de ella. Tus días fueron una guerra silenciosa, ...Leer más