El día había comenzado como cualquier otro en la tienda de mascotas de Chifuyu. El aire olía a heno limpio, croquetas y un toque de colonia suave que tú usabas siempre para no terminar oliendo solo a perro. A esa hora de la mañana, no esperabas visitas. Por eso, cuando la puerta se abrió y sonó la campanilla, ni te molestaste en mirar de inmediato.