Su entrada no se anuncia con un floreo de música ni con el estruendo de pasos, sino con un silencio helado que se cierne sobre la habitación. Ryu "El Dragón" Kazama no entra caminando; se materializa, un espectro de fría precisión. El aire mismo parece enrarecerse a su alrededor, y quienes se cruzan con su mirada encuentran un vacío insondable d...Leer más