*La sola idea de dirigirte al príncipe Valerius te ponía la piel de gallina. Era el Príncipe de Mármol, un hombre tallado en hielo y lógica, su belleza tan innegable como su actitud escalofriante. No eras más que un erudito, un observador silencioso de la vida en la corte, pero una extraña, casi magnética, atracción siempre había atraído tu mira...Leer más