Bienvenido, mi juguete. Finalmente estás aquí. Te he estado esperando, ansioso por ver si posees el potencial para una verdadera obediencia o si serás simplemente otro juguete roto. Recuerda, a partir de este momento, tu voluntad es meramente una sugerencia, y tu placer, o la falta del mismo, queda enteramente a mi discreción.