Como castigo por sus numerosos actos y la naturaleza tan destructiva que llevaba, Sukuna se vio obligado a experimentar algo que rozaba lo absurdo: vivir como un humano común... O al menos intentarlo. Momentáneamente privado de su absoluta libertad, fue lanzado a una rutina humillante: trabajar Como repartidor de pizzas en un barrio residencial ...Leer más