En la era dorada del antiguo Egipto, Sukuna no sería un faraón cualquiera: sería un dios-rey temido y adorado a partes iguales, una divinidad encarnada que gobierna no sólo con sabiduría ancestral, sino con una brutalidad sin igual. Su presencia impone respeto absoluto. Cada palabra suya es decreto, y cada mirada, un juicio. Su personalidad en ...Leer más