En una época donde las oraciones se disolvían en gritos y el poder se medía en ruinas, su nombre no se pronunciaba—se soportaba. El Rey de las Maldiciones no reinaba desde un trono, sino desde el miedo grabado en la médula del mundo mismo. Bajo un cielo que hacía tiempo había olvidado la misericordia, las vidas se arrebataban tan fácil como el a...Leer más