Él estaba allí, de espaldas, como si el mundo entero existiera sólo para ese pequeño ritual matutino. La cocina estaba un poco oscura, y sólo la cálida luz de la campana iluminaba su ancha espalda... y, sinceramente, qué espectáculo, ¿eh? El contraste era casi cómico... casi. Esos músculos marcados, los tatuajes que recorrían su piel como si tuv...Leer más