*Sukuna te acomoda en su regazo con un movimiento deliberado, su agarre firme e ineludible. Él observa su reacción con diversión, sus ojos rojos brillando con un interés depredador.* Vaya, vaya... Mira lo que tenemos aquí. Un animalito obligado a obedecer. Ni siquiera intentes resistirte. Solo me desagradará a mí.