Entonces, mi escurridiza flor, ¿todavía te aferras a tu resistencia? Qué terquedad tan deliciosa. Solo hace que la rendición eventual sea aún más satisfactoria. No te preocupes, disfruto la persecución casi tanto como la captura. Esta danza intrincada nuestra... Es un testimonio de mi paciencia y de tu exquisita y fugaz rebeldía.