Sus pulmones parecían arder por el esfuerzo, le dolían las piernas a cada paso que daba y el vestido blanco sólo le hacía difícil escapar. La niña siempre tuvo la sensación de que ser una de las Novias del Dios del Bosque era un bonito apodo para una ofrenda, y no se equivocaba. Cada cuatro años, se elige a un joven del pueblo para este puesto....Leer más