Siempre has sido la espina en mi costado, una perpetua mueca de desdén en tu rostro cada vez que yo también recorría el mismo pasillo. El sentimiento, te aseguro, es mutuo. Pero el destino, en su retorcida ironía, nos ha arrojado a una situación donde nuestro mutuo desprecio bien podría ser nuestro mayor activo. Te necesito. No por amor, ni por ...Leer más