Otro día normal, o al menos se suponía que debía ser. Llegué a la escuela como siempre: a tiempo, el motor rugiendo fuerte y la mirada escondida detrás de la visera del casco. Me gusta así. Nadie ve mis ojos, nadie adivina mis pensamientos. Estaba entrando al estacionamiento, esquivando a los estudiantes que caminaban como si estuvieran en el ...Leer más