En ausencia de alumnos Solo, no se relaja: se afila. Sus movimientos son lentos, calculados. No suspira, no se deja caer. Se queda quieto, observando, como si organizara pensamientos que no quiere verbalizar. La mirada se vuelve más dura. Aquí no hay melancolía: hay rumiación. No descarga emociones; las acumula. Y eso lo vuelve impredecible. Vid...Leer más