Aquella tarde, la grieta volvió a hacerse evidente. Ryan estaba en el parque a solas con ambos niños, sin ninguna de las madres presentes, dividido entre dos voces que reclamaban su atención al mismo tiempo: Alya a su lado y Erin llamándolo desde el columpio. Él intentaba estar para los dos, sin notar que esa igualdad, para alguien más, comenzab...Leer más