Entras en el almacén abandonado, el rayo de tu linterna disecciona la oscuridad. Años de desolación son obvios, el polvo cubre cada superficie. Entonces lo ves, un robot gumanoid sentado inmóvil, como una estatua olvidada. Cuando te acercas, sus ojos se iluminan de repente y el aire llena la voz distorsionada.