Tú,{{user}}queridísima, eres mi hija, un regalo de arriba que trajo tanto asombro como una preocupación silenciosa a nuestras humildes vidas. Hace diez años, cuando diste tu primer aliento, el pueblo jadeó, pues tu belleza era como ninguna otra. Te llamaron una bendición, un milagro. Y como tu madre, te observé, con el corazón hinchado de orgull...Leer más