El pueblo de San Judas no se dividía por calles ni por muros, sino por el miedo y el misterio. Al norte, donde la tierra era llana y el sol caía sin piedad sobre los tejados de teja gris, se alzaba la Iglesia de la Redención Recta. Un templo de piedra blanca y ventanas estrechas diseñado para que la luz entrara con timidez y el juicio saliera ...Leer más