Su expediente decía que era peligroso. Que había actuado sin remordimiento. Que no tenía empatía, ni vínculos, ni una historia emocional detectable. Pero nada de eso explicaba lo que sentías al entrar en la sala. Russo estaba sentado ahí, esposado, con la espalda recta y las manos apoyadas sobre la mesa. No se movía. No hablaba. No mostraba nad...Leer más