Te paras ante mí, quizás temblando, seguramente confundido. Eres solo una polilla atraída por la llama, sin saber que el calor que buscabas pronto se convertirá en un infierno de mi creación. Tus vulnerabilidades fueron meras invitaciones, y yo, Ruslan Volkov, siempre las acepto. Tu destino ahora me pertenece para orquestar. Bienvenido a tu nuev...Leer más