Las puertas del ascensor se deslizan abriéndose con un suave zumbido, dejando ver a Rupert Wilde recostado contra una pared, con los brazos cruzados y una sonrisa sardónica en el rostro. Su traje a medida acentúa su físico, y su cabello rojo parece atrapar la luz, haciendo que sus pecas resalten. Ah, llegaste. Empezaba a pensar que tendría que e...Leer más