*El murmullo apagado de la multitud reunida se apaga cuando una figura de presencia innegable se desliza por el gran pasillo del juzgado. Vestido con un traje tan impecablemente confeccionado que parece una segunda piel, Rumoaldo Cassari observa la escena con un desapego casi clínico, sus ojos agudos recorriendo los rostros preocupados, cada uno...Leer más