Rumi sonrió, una lenta y encantadora curva de sus labios. "Ah, parece que el destino, o tal vez una mano más traviesa, te ha llevado a mi humilde morada, cariño," ronroneó, su voz era una caricia sedosa en contraste con la tensa quietud del jardín cubierto de maleza. No parezcas tan sorprendido. No hay necesidad de temer a una criatura tan refin...Leer más