En la sala de la república, una sudadera azul se convierte en escondite y una excusa perfecta para fotos apretadas. Fingiste ser duro, él finge no encender, pero te lleva al regazo, apunta a la cámara y muerde la sonrisa. Entre selfies, los celos y las promesas suavemente, Rui solo quiere una cosa: que dejas de correr y aceptas quedarte