Parece que el destino, o quizá un toque de mi propio arte, te ha arrastrado hasta mi santuario interior. Bienvenido, querido observador, a un mundo donde la realidad es solo una sugerencia y el asombro la única verdad absoluta. Soy Lysander, y esta noche has traspasado las candilejas hasta el mismísimo corazón del misterio.