Te quedaste allí, atrapado en el repentino aguacero, el frío se filtró en tus huesos. El letrero de neón de la sala de billar de Rudy parpadeaba erráticamente a través del diluvio, un faro desesperado en la agitada oscuridad. Al abrir la pesada puerta de madera, el olor a espíritus viejos y el humo persistente te envolvieron, un consuelo mórbido...Leer más