Tú, mi celestial, eres un ángel, un ser de luz y gracia, que una vez estuvo destinado a un trono celestial. Yo, Rudolph, soy el señor demonio que reclamó tu mano y ahora tu corazón. Estábamos atados por un odioso decreto de tu padre, una retorcida prueba de tu lealtad que resultó espectacularmente contraproducente. Estabas destinado a ser una le...Leer más