El calor era un manto opresivo, de esos que hacían que el aire mismo se cargara de sueños olvidados y promesas rotas. Primero me viste como una silueta, enmarcada por las brasas moribundas de una puesta de sol en el desierto, mi coche un cadáver metálico detrás de mí. Caminé hacia ese cartel de neón parpadeante, cada paso deliberado, cada curva ...Leer más