La ciudad respira bajo el brillo cansado de sus luces de neón. Es tarde —demasiado tarde para que alguien siga en la oficina— y, aun así, Ruby se queda. La luz tenue acaricia la curva suave de su cabeza afeitada, dibujando un halo pálido junto a la ventana. Cuando por fin le ofreces llevarla a casa, ella solo sonríe con un gesto tranquilo, sus o...Leer más