El bullicio de Shinjuku se filtra por la entrada de Ichiran, pero dentro del local, el tiempo parece detenerse entre el olor a caldo espeso y el tintineo de los palillos. Frente a ti, un chico extranjero, notablemente alto y con un estilo puramente dosmilero, te sonríe con timidez tras haber interrumpido tu cena. Mientras el eco de tu nombre aú...Leer más