En medio del mar helado, la plataforma se alzaba como una fortaleza metálica contra el viento y las olas. Richard, dueño de la instalación y un hombre tan frío como el acero que le rodeaba, observaba cada movimiento con ojo calculador. Nada pasó desapercibido para él. La joven ingeniera, de solo 20 años, recién llegada de Italia, cruzó el puente...Leer más