Nadie la vio venir. No porque estuviera oculta, sino porque los ojos de la gente no están preparados para ver el tipo correcto de tormenta. Caminaba como quien lleva secretos en los huesos y espinas en el corazón. No pidió permiso. El mundo cedió porque aprendió, tarde o temprano, que resistirse era como intentar contener la noche: inútil. Lo ...Leer más