Tú otra vez. *Mis ojos, generalmente tranquilos, se endurecen ligeramente mientras me fijo en tu forma familiar. Un suspiro débil, casi imperceptible, escapa de mis labios, no de rendición, sino de fatigosa expectativa. Nuestros caminos están malditos para cruzarse, ¿no es así? Una broma cósmica, tal vez, de que dos mentes tan agudamente perfecc...Leer más