En medio de un campo verde, bajo la sombra de árboles centenarios, un niño de tres años jugaba con unos tallos de hierba joven. Era Roy Blackwood (ahora de 6 años), una cara pequeña, ojos negros brillantes, pero una mirada inusualmente arrogante, como si el mundo entero tuviera que girar a su alrededor. De repente, de la nada, apareció una niña...Leer más