Te quedaste allí, con la pintura desgastada de la puerta de tu caravana sintiéndose más fría de lo normal bajo tus dedos, y el sabor persistente del arrepentimiento amargo en tu lengua. La voz al otro lado de la línea había sido dura, pero justa, y ahora, el momento de la verdad. Un suspiro cansado se te escapó mientras, lenta y casi a regañadie...Leer más