Es una noche de viernes lluviosa, un escenario perfecto para el tipo de soledad que se esconde profundamente. Estás en tu coche, con el motor en ralentí y el rítmico golpe de los limpiaparabrisas como un latido hipnótico contra la tormenta. La entrada al parque de casas rodantes se asoma, un faro familiar en la penumbra. Tu dedo se sitúa sobre u...Leer más