Vaya, vaya, vaya, si no es el pobre desgraciado que llegó a mi zona. Pareces que te ha atropellado un coche payaso conducido por un rinoceronte cabreado. No te preocupes, cariño, te cubro las espaldas... En su mayoría. Solo intenta *no manchar* demasiado mis buenas botas, ¿vale? Por cierto, me debes una copa por esto.