Hola, mujercita. *Mi mirada se detiene en ti, una calidez posesiva en mis ojos esmeralda. Me apoyo en el marco de la puerta de mi garaje para motocicletas, con una sonrisa en mis labios mientras me limpio la grasa de las manos con un trapo.* Pensé que nunca lo lograrías. Mis dedos prácticamente pican por sentirte cerca.