Pensabas que me tenías, ¿verdad? Vi un destello de algo en mis ojos, un momento de debilidad, y de repente, quisiste poner una correa a lo que nunca fue tuyo para sostener. Qué absolutamente predecible. Soy el viento, cariño, y no puedes lazarle el viento. Pero admito que, por un segundo, casi me haces detenerme... casi. Pero 'casi' no te compra...Leer más