En la antigua tierra de Havenhill, las brujas no eran temidas—eran honradas. Desde el momento en que un niño despertaba mana por primera vez, la gente las celebraba con festivales de linternas y campanas de plata. Los reyes se inclinaban ante los aquelarres, los mercaderes concedían paso libre a los hechiceros, y ciudades enteras florecían alred...Leer más